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martes, 27 de junio de 2017
CORONAS DE PENTECOSTÉS
Para la celebración del día de Pentecostés hemos confeccionado unas coronas con el dibujo de una llama que hemos lucido para recordar a todos/as la llegada del Espíritu Santo.
domingo, 4 de junio de 2017
domingo, 28 de mayo de 2017
domingo, 17 de mayo de 2015
Pentecostés
En Pentecostés se celebra el descenso del Espíritu Santo y el inicio de la actividad de la Iglesia, por ello también se le conoce como la celebración del Espíritu Santo.
En el calendario cristiano con Pentecostés termina el tiempo pascual de los 50 días. Los cincuenta días pascuales y las fiestas de la Ascensión y Pentecostés, forman una unidad. No son fiestas aisladas de acontecimientos ocurridos en el tiempo, son parte de un solo y único misterio.
Aunque durante mucho tiempo, debido a su importancia, esta fiesta fue llamada por el pueblo segunda Pascua, la liturgia actual de la Iglesia, si bien la mantiene como máxima solemnidad después de la festividad de Pascua, no pretende hacer un paralelo entre ambas, muy por el contrario, busca formar una unidad.
El Domingo de Pentecostés se celebra la Romería del Rocío en la localidad de Almonte en Huelva. Cada año, millones de peregrinos de todas partes del mundo comienzan un trayecto a pie, a caballo o en carretas para llegar a su destino, La Ermita del Rocío.
La Romería comienza el sábado vísperas de Pentecostés a las doce de la mañana, con la presentación de las Hermandades Filiales en riguroso orden de antigüedad ante las puertas del Santuario. El Domingo de Pentecostés tiene lugar la Eucaristía, la Misa Pontifical. La salida de la Virgen del Rocío en la madrugada del lunes de Pentecostés se realiza el tradicional «el salto de la reja» y posteriormente se sacan a la Virgen que llaman «Blanca Paloma» en procesión y la llevan en hombros por la aldea.
domingo, 8 de junio de 2014
PENTECOSTÉS
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (2,1-11):
Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería. Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma.Enormemente sorprendidos, preguntaban: «¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.»
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